Sostiene Stiglitz, sostiene Piketty

February 28, 2018

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La Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional (ICRICT, por sus siglas en inglés) es una plataforma global compuesta por expertos tributarios, ex funcionarios gubernamentales y líderes sociales. Su presidente es el colombiano José Antonio Ocampo, ex Secretario General Adjunto de la ONU y ex ministro de Hacienda en su país; actualmente, Ocampo es catedrático en la Universidad de Columbia. En ese panel se destaca la participación de referentes del pensamiento económico heterodoxo, como el ex Premio Nobel Joseph Stiglitz, y sus recientemente colegas nombrados en el Comisionado de la Icrict, otras luminarias del campo académico caso Thomas Piketty, autor del célebre El capital en el siglo XXI, y el profesor de la Universidad de Berkeley, Gabriel Zucman, creador de otro best seller como La riqueza escondida de las naciones.

En su último informe, la ICRICT propone a los gobiernos una osada e interesante hoja de ruta tributaria para elevar la presión fiscal a las multilaterales y, en simultáneo, contrarrestar los mecanismos de elusión y evasión usualmente diseñados por las corporaciones contra los fiscos nacionales. Estrategias de “contabilidad creativa” que suelen lesionar las arcas públicas de los países en desarrollo o emergentes.

“El sistema actual de tributación internacional ha sido explotado por las multinacionales para transferir grandes porciones de sus ganancias totales a jurisdicciones con bajos impuestos”, comienza advirtiendo ICRICT. Ese es el nudo de la problemática fiscal para los países periféricos. Los grandes actores económicos fragmentan su identidad contable en múltiples unidades jurídicas alrededor del mundo. En pos de simular la autonomía de cada cuerpo económico, las diferentes piezas de la multinacional interaccionan entre ellas, y así es registrado en los balances contables, como si fuesen entes sin ningún tipo de vínculo comercial.

"Las reglas de precios de transferencia intentan construir precios para las transacciones entre entidades que son parte de las multinacionales como si fueran independientes, lo cual es inconsistente con la realidad económica de una multinacional moderna, una compañía unificada organizada para cosechar beneficios de la integración a través de jurisdicciones”, explica la comisión de expertos independientes en su informe “Un futuro más justo para la tributación mundial”.

En ese sentido, la ICRICT aconseja a los gobiernos establecer un cuerpo tributario mundial que fije una fórmula preestablecida de gravamen con el siguiente criterio: las transnacionales deben pagar impuestos en cada jurisdicción de acuerdo al peso de sus actividades económicas desarrollada en ese territorio. De esa manera, gigantes como Starbucks o Nike no podrían deslocalizar sus activos en zonas offshore donde, casualmente, no hay presión fiscal para dichas compañías.

Por ese motivo, la ICRICT defiende avanzar en un consenso tributario mundial: “La versión más justa y efectiva de la tributación unitaria es el reparto global multi-factorial según una fórmula preestablecida con una tasa impositiva corporativa mínima. Las multinacionales son grupos de entidades que están bajo un control administrativo único y tienen un solo grupo de propietarios, y por lo tanto deben ser gravadas como empresas unitarias. Un acercamiento unitario debe asignar las ganancias mundiales de la multinacional a los diferentes países a través de una simple fórmula de distribución, basada en factores objetivamente verificables. Estos factores, como el empleo, las ventas, los recursos utilizados, los activos fijos, deben ser elegidos de una manera equilibrada que refleje tanto la oferta (por ejemplo activos, empleados, recursos utilizados) y la demanda (ventas). Ninguno puede crear valor sin el otro”.

Acto seguido la ICRICT pone en números su marco tributario propuesto: “Por ejemplo, bajo el reparto global según una fórmula preestablecida, y asumiendo una fórmula con factores igualmente sopesados (ventas 33%, activos 33% y empleados 33%), las ganancias mundiales consolidadas de la multinacional X con operaciones en el país A (10% de ventas mundiales, activos y empleados), B (20% de ventas mundiales, activos y empleados), y C (70% de ventas mundiales, activos y empleados), será asignada y gravada en un país A (10% de ganancias mundiales), B (20% de ganancias mundiales) y C (70% de ganancias mundiales) respectivamente”.

“La cuestión crucial es dónde se crea valor en una economía mundial cada vez más compleja. Creemos que nuestra propuesta es la más equitativa y, en particular, la única que satisface las necesidades de los países desarrollados y en desarrollo. Las multinacionales son las principales beneficiarias del actual sistema tributario internacional. Incluso amenazan a los gobiernos con reubicar sus actividades económicas a menos que impongan un impuesto de sociedades que les convenga. Las estrategias de evasión fiscal de las multinacionales y la presión ejercida sobre los gobiernos para que reduzcan los impuestos corporativos impiden el desarrollo sostenible”, justifica Ocampo la propuesta elevada al conjunto de los gobiernos y finaliza convocando a establecer un escenario multilateral más democrático al establecido en la actualidad para establecer patrones fiscales comunes: “No todos los países tienen voz en el proceso que la OCDE inició hace tres años para detener la evasión fiscal. La OCDE no debería ser el único lugar donde se celebren estos debates. La comunidad internacional ha creado las Naciones Unidas para abordar los problemas mundiales de interés común, y la evasión fiscal es uno de ellos”.

La elusión y evasión fiscal implica una fuerte perdida de suma de dinero para las arcas públicas. El informe de la ICRICT cita números impactantes: “El Departamento de Asuntos Fiscales del FMI calcula las pérdidas anuales totales en impuestos corporativos asociadas al traslado de beneficios en más de 500.000 millones de dólares, con unos 400.000 millones de dólares para Estados miembros de la OCDE y unos 200.000 millones de dólares para países de menores ingresos por año. Por otro lado, se estima que el traslado de beneficios de las multinacionales cuesta a los Estados miembros de la Unión Europea entre 50.000 y 70.000 millones de euros por año. Por último, especialistas advierten que que el traslado de beneficios solo de las multinacionales estadounidenses cuesta al gobierno de Estados Unidos y a sus ciudadanos entre 77.000 y 111.000 millones de dólares anuales”.

Como solemos decir desde las organizaciones de la sociedad civil la perdida de recaudación desfinancia a los Estados y, por lo tanto, horada la capacidad de establecer políticas públicas inclusivas. Menos impuestos, es también menos hospitales y escuelas. “Las estrategias de las corporaciones multinacionales para evitar pagar impuestos son un ataque a los derechos humanos. Cuando las grandes corporaciones, inclusive las multinacionales, y los individuos ricos no pagan su parte justa de impuestos, los gobiernos no tienen las capacidades para financiar la salud, la educación, la infraestructura y la lucha contra el cambio climático. Ya sabemos que no podemos depender de la ayuda extranjera para financiar el desarrollo”, concluye Ocampo.

 

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ICRICT