“Falta saber quién es el dueño de qué"

March 19, 2018

Edmund Fitzgerald

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 El profesor de Oxford en Financiamiento del Desarrollo Internacional Edmund Fitzgerald integra la Comisión Independiente para la Reforma de la Tributación Corporativa Internacional (ICRICT, por sus siglas en inglés), un dream team de expertos tributarios, el ex Premio Nobel Joseph Stiglitz, el best seller Thomas Piketty y el propio Fitzgerald son algunos de sus Comisionados, agrupados para proponer un nuevo consenso impositivo global. Fitzgerald, además, es un pequeño productor de olivos. Cuando comienza el reportaje con SES América Latina, el académico de Oxford precisa que se encuentra en Granada (España), donde posee una finca.

-En Argentina, y varios países de la región, los gobernantes aseguran que la reducción impositiva a las grandes empresas puede acelerar la llegada de inversiones extranjeras directas. ¿Concuerda con esa visión?

-No, de ninguna manera. Desde la ICRICT ya señalamos en nuestro informe Tax Competition que la idea de aligerar las cargas impositivas a las multinacionales no es muy fructífera en términos de desarrollo. El propio Fondo Monetario Internacional indica algo similar en sus investigaciones cuando advierte que la distención impositiva no genera crecimiento económico. Quizás, pueda apalancar flujos de capital, pero eso no se traduce en inversión productiva, en una inversión real.

-¿Qué parámetros utilizan, entonces, las multinacionales para localizar sus inversiones?

-Los grandes actores sí observan las cuestiones fiscales para mover sus fondos financieros. Por esa razón, pequeños países del Caribe u otras zonas de baja tributación, como Luxemburgo o Irlanda, capturan muchos flujos financieros pero, repito, eso no implica que las multinacionales construyan fábricas o empleen gente en esas mismas plazas. Para otro tipo de inversiones, productivas me refiero, las corporaciones utilizan otro tipo de criterios, como el tamaño del mercado local o sí existe mano de obra calificada.

Otra cosa importante es que un inversionista serio para hacer un fuerte desembolso de dinero suele hacer una proyección de cuál va a ser la situación en ese país durante las próximas décadas. Por otro lado, los inversores prevén que las reglas fiscales pueden modificarse en el corto plazo, con los cambios de gobiernos; por lo tanto, el desembarco productivo de una corporación no va a establecerse en función de factores que pueden mutar en una elección presidencial.

-¿Qué sucede en los países ricos? ¿Los gobiernos se muestran más amigables con las multinacionales para captar inversiones de gran escala?

-Ahí tenemos que distinguir lo que se publicita desde los gobiernos, y lo que realmente sucede. Por ejemplo, se decía que en los Estados Unidos existía la presión fiscal más alta del mundo porque Washington aplicaba una tasa máxima del 35% a las utilidades pero, en los hechos, las empresas nunca honraban ese canon al Estado. Las propias estadísticas públicas de los EE.UU. indicaban que las corporaciones pagaban, en promedio, un 15% en concepto de ese impuesto. Es decir, menos de la mitad de lo que estaba estipulado.

A las empresas no les preocupa cuál es la tasa impositiva a pagar, si no cuál es la base imponible establecida. Entonces, con su ingeniería contable, las multinacionales hacen todo lo posible para reducir su base imponible al mínimo. Por ejemplo, si una empresa viene registrando pérdidas en Argentina y, a su vez, computando ganancias en Las Bahamas, para la corporación es negocio porque en la plaza donde, supuestamente, tienen más ventas, saben que el gobierno no es muy proclive a cobrar impuestos.

Por eso, desde la ICRICT insistimos en la necesidad de convocar a las multinacionales para que hagan más transparente su base imponible. Además, es clave exigir a las corporaciones que no puedan mover de una jurisdicción a otra el registro de sus utilidades en función de sus ventajas tributarias.

-¿Cómo podría establecerse, entonces, ese registro global?

-En principio, pensamos que es importante avanzar en el cobro de una tasa fija impositiva a las multinacionales. Si las corporaciones son globales es lógico que deban cumplir con el pago de una tasa global. Ahora bien, reconocemos que esa tarea puede llevar años implementarla; por eso, proponemos que, mientras tanto, podamos avanzar con pasos prácticos hacia ese horizonte. El primer paso sería obligar a las empresas transnacionales a publicar su contabilidad país por país. Para que la ciudadanía pueda acceder de forma libre a esa información y así saber, por ejemplo, dónde realmente Nike, u otro gigante como Apple, tienen localizadas sus mayores utilidades.

El segundo paso es que, obviamente, las autoridades fiscales nacionales puedan gravar a las multinacionales en función de los datos plasmados en el registro global que mencionaba. En concreto, creemos que esa información dotaría de más presión política a los gobiernos a la hora de cobrar impuestos a las grandes empresas.

-¿Eso forzaría generar un cuerpo institucional global en el capítulo tributario?

-Podemos ir de menos a más. Sería interesante impulsar, primero, una coordinación regional, ya sea en Europa o América Latina, para que haya una sinergia tributaria entre los ministerios de Hacienda. Y, luego sí, a largo plazo, podría establecerse un consenso mundial para obligar a las transnacionales a que paguen lo justo. Puede parecer utópico pero, en los últimos años, se han alcanzado fuertes denominadores globales en el ámbito público. Por ejemplo, en el marco de la OIT, la defensa de los derechos del trabajador dio pasos que parecían imposibles años atrás.

-¿El panel tributario que se realizó a principios de año en Naciones Unidos abordó los ejes que está mencionando? ¿Qué más puede contarnos sobre esa cita?

-Primero, el mero hecho de que haya tenido lugar esa mesa de diálogo es importante. En el panel estuvieron representados el Banco Mundial, el Fondo Monetario y organizaciones de la sociedad civil para debatir cuestiones tributarias. Algo inédito porque, históricamente, los técnicos de los organismos internacionales sostenían que esa agenda requería de un saber especializado y que, por lo tanto, debería tramitarse por afuera de las Naciones Unidas.

El otro aspecto positivo del encuentro es que se pudo comenzar a dialogar sobre la necesidad de instrumentar un registro global de titularidad, para saber quién es el dueño de qué. Nosotros, como ICRICT, vamos a impulsar con mucha fuerza ese eje de discusión este año. Porque los registros de propiedad existen en todas partes del mundo, el problema es que esa información, aparte de ser secreta, no está integrada en una sola base de datos.

La idea es que la ciudadanía, y los gobiernos claro, sepan quiénes son los beneficiarios finales, es decir los verdaderos dueños, en cada grupo económico. Ahora, cuando un sector público requiere esa información suele toparse con nombres de abogados o bancos; es decir, con nombres de intermediarios, de fantasía. Otra propuesta clave es que esos datos deberían estar disponibles automáticamente a cualquier requerimiento estatal. Hoy si el gobierno argentino solicita a un país del Caribe información contable sobre determinado empresario debe emprender un tortuoso trámite burocrático. Por ejemplo, en ese caso, un juez debe autorizar romper el sigilo bancario. En ese mismo sentido, también proponemos que pueda haber un acceso público a ese registro para que los legisladores o los periodistas puedan contar con información tributaria fidedigna de las grandes empresas.

-¿El plan BEPS (contra la erosión tributaria) propuesto por los países de la OCDE le parece acertado o insuficiente?

-Tiene una buena intención pero discrepamos en el hecho de que con ese abordaje tributario las multinacionales no son gravadas como un solo cuerpo empresarial. Entonces, para la OCDE, Google SA en Francia y Google Limited en Londres son empresas distintas. En conclusión, el plan BEPS tolera la ficción contable de las multinacionales, en el sentido de aceptar a las filiales de los grandes grupos como cuerpos tributarios inconexos cuando en la realidad sucede todo lo contrario. Las filiales de Google responden a una sola dirección, eso es algo indiscutible.

Por esas razones, dentro del Parlamento Europeo está avanzando el debate de generar un solo ente recaudador tributario para que grave a las corporaciones en función de su actividad en la eurozona. La idea es que esa institución impositiva, claro, luego distribuya el cobro de ese canon en los países de acuerdo al tipo de actividad desarrollada por los holding en cada jurisdicción. Algo similar sucede en los Estados Unidos, donde la autoridad estatal realiza un solo gravamen a las corporaciones y, luego sí, reparte ese cobro a las jurisdicciones donde las empresas asentaron utilidades, instalación productiva o fuerza de trabajo. La intención siempre es evitar que las empresas pueden desplazar su base imponible en función de evitar el pago de impuestos.

-Las propuestas de la ICRICT seguramente no van a contar con el visto bueno de los Estados considerados offshore por su baja tributación. ¿Qué política se puede dar las Naciones Unidas contra las zonas offshore?

-Primero, entender que muchas guaridas fiscales no tienen nada de offshore porque Londres y Luxemburgo, por ejemplo, no están localizados en el extrarradio marítimo, si no en el corazón de la Unión Europea. ¿Qué características tienen las guaridas fiscales? La posibilidad de garantizar oscuridad y seguridad a una persona interesada en evadir su responsabilidad fiscal o en camuflar su patrimonio en una situación de divorcio. Repito, las zonas offshore ofrecen oscuridad para ocultar activos, y seguridad porque el Estado garantiza que esa titularidad no va a ser expropiada. Y esa garantía, por supuesto, está sostenida en marcos jurídicos de países que son gravitantes en Naciones Unidas. Muchas jurisdicciones offshore de ultramar están integradas al orden jurídico del Reino Unido porque son estados asociados, viejas colonias, de Londres. En Mónaco quién garantiza la seguridad jurídica a los fondos que buscan baja tributación en esa plaza es el gobierno francés.

-¿Debe haber entonces un compromiso serio de los países centrales para terminar con las guaridas fiscales?

-Exactamente. Los guardianes de las guaridas fiscales son, centralmente, los países ricos. Ellos deben comenzar a decir basta a las zonas offshore.

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