Hay una manera para que los países en desarrollo combatan la evasión fiscal

2 mar. 2018

Por José Antonio Ocampo

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Después de los Panama Papers, los Paradise Papers provocaron nuevamente la indignación de los ciudadanos, quienes denuncian la evasión fiscal como la parte oculta y vulnerable del capitalismo.

Mientras el trabajador común no tiene más opción que pagar sus impuestos, los individuos ricos y las empresas multinacionales pagan apenas una parte de lo que les corresponde.

Lo más sorprendente es que las multinacionales lo hacen de manera legal, porque sus subsidiarias son consideradas entidades distintas, es decir, empresas independientes. Fijan los precios de las transacciones entre sus subsidiarias garantizando que las ganancias sean gravadas en los países donde los impuestos son más bajos y no donde realmente tiene lugar la actividad económica y la creación de valor. A esta práctica se le conoce como el “sistema de precios de transferencia”.

Este sistema ha incrementado, además, la competencia tributaria, presionando a los países a adoptar tarifas más bajas. Desafortunadamente, la significativa reducción de las tarifas del impuesto de la renta a las sociedades en la reciente reforma fiscal de los Estados Unidos (del 35 % al 21 %) acelerará esta carrera hacia abajo. Políticos en la India, Brasil, México y otros países en desarrollo han declarado que tendrán que seguir esta tendencia si quieren mantener su competitividad, atraer inversión extranjera y crear (o salvar) empleos.

Todos los países tienen derecho a ser competitivos. Y pueden serlo de maneras extraordinarias, por ejemplo, creando infraestructura eficiente o desarrollando sistemas de educación, ciencia y tecnología de alta calidad. Pero robar los ingresos fiscales de otros países debería estar prohibido, y las multinacionales no deberían amenazar a los gobiernos con irse de sus territorios a menos que se reduzcan los impuestos. De hecho, el primer principio básico de responsabilidad social empresarial debe ser que las compañías deben pagar su cuota justa de impuestos en los países donde operan.

Esta carrera tiene consecuencias devastadoras, especialmente en los países en desarrollo, ya que estos dependen en mayor medida del impuesto de la renta a las sociedades: alrededor del 16 % de sus ingresos tributarios, en comparación con el 8 % en los países desarrollados. La reducción de ingresos tributarios se traduce en falta de recursos para la educación, la atención médica, los programas de reducción de la pobreza, la infraestructura y la lucha contra el cambio climático.

La única manera de detener esta tendencia es la cooperación global. Hoy en día los países en desarrollo tienen claro que el paquete de reformas al sistema tributario internacional, presentado hace casi tres años por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y el G20, es un avance, pero es insuficiente. El proyecto, conocido como el Plan de Acción contra la Erosión de la Base Imponible y el Traslado de Beneficios (BEPS, por sus siglas en inglés), fue un importante paso en la dirección correcta, ya que introdujo el reporte país por país de ganancias e impuestos pagados por las multinacionales más grandes, y el intercambio de información entre los países.

Pero el plan falló en atacar a la raíz del problema, el cual no es otro que el sistema de precios de transferencia. Este aún permite a las empresas mover sus ganancias a donde quieran para aprovechar las jurisdicciones con los impuestos más bajos. Estas reglas están en contra de los países en desarrollo.

La Comisión Independiente para la Reforma de la Tributación Corporativa (ICRICT), que yo presido, evaluó propuestas alternativas a este sistema en un reporte reciente. En nuestra opinión, la base más justa y efectiva para decidir cómo las ganancias deben ser gravadas, es que las multinacionales paguen impuestos como una sola empresa que realiza negocios a través de las fronteras internacionales.

Las ganancias correspondientes se distribuirían después, para fines tributarios, entre los países donde opera de acuerdo con factores tales como ventas, empleos generados y recursos naturales utilizados. Estos factores deben ser elegidos para reflejar la verdadera actividad económica que lleva a cabo la multinacional en cada jurisdicción. La Unión Europea está considerando actualmente una propuesta de tratar a las multinacionales como una sola empresa dentro de sus fronteras.

En este sistema los países podrían continuar compitiendo a través de la reducción de las tasas de impuestos a la renta corporativa, para incentivar la inversión o la reubicación de actividades, como hacen actualmente. Por este motivo, nuestra propuesta sugiere que los países acuerden también un impuesto de renta mínimo a las sociedades de por lo menos entre el 15 al 25 %.

Mientras tanto, los países en desarrollo no deben esperar pasivamente. Pueden llegar a acuerdos regionales, por ejemplo, sobre la tasa mínima de impuesto a las sociedades. También pueden emplear el sistema, actualmente usado por Brasil, de acuerdo con el cual las filiales locales están sujetas a cantidades mínimas de ingresos gravables estimados con base en márgenes brutos sobre las transacciones que realizan.

Finalmente, estos asuntos no deberían ser discutidos solamente por la OCDE sino también por la ONU, la única organización que por sí sola puede dar legitimidad a las reglas de un sistema de esta naturaleza.

José Antonio Ocampo, presidente de la Comisión Independiente para la Reforma de la Fiscalidad Corporativa Internacional (ICRICT) y codirector del Banco Central de Colombia.

https://www.efe.com/efe/america/firmas-de-efe/hay-una-manera-para-que-los-paises-en-desarrollo-combatan-la-evasion-fiscal/50001051-3541149

ICRICT